jueves, 1 de diciembre de 2016

ARGENTINA, SU DERRUMBE: de “Colonia prospera” a “Factoría decadente”

Por: Walter Beveraggi Allende

Podemos dividir la historia argentina en tres grandes  periodos:
1)      La lucha por la independencia (1810-1852)
2)      La dominación británica-liberal (1852-1946)
3)      El yugo sionista (1946…)

La lucha por la Independencia: 1810 - 1852
Nosotros, los argentinos comenzamos nuestra lucha contra los británicos antes de haber alcanzado la categoría formal de Nación independiente.
En 1806 y 1807, el gobierno británico llevó a cabo dos invasiones sucesivas de nuestro territorio, cuando éramos aun una dependencia de la Corona española, y Buenos Aires la cabeza del Virreinato del Rio de la Plata.
Podemos afirmar que el pueblo criollo de Buenos Aires y sus zonas aledañas, al margen de la actitud del propio Virrey y de las tropas coloniales españolas, adoptó una actitud de orgullo nacional, frente a los invasores británicos. Además, los británicos, no obstante haber traído un elevado número de tropas altamente seleccionadas, fueron plenamente derrotados por el recién organizado ejército criollo, que se apoderó de las banderas y estandartes de los británicos, y las conserva hasta hoy como un trofeo nacional.
Llama la atención que un soldado profesional francés, Santiago de Liniers, se convirtiera en el organizador y cabeza del ejército nativo.
Pensamos que en la lucha contra los invasores británicos, estaba en juego algo más, que el mero rechazo de un agresor extranjero.
Los argentinos, como casi todos los hispano-americanos, recibimos de la colonización española lo esencial de nuestra personalidad e inspiración; particularmente la Fe Católica y una ardiente devoción por la grandeza moral y espiritual. Sumado a ello, el régimen colonial español no fue uno de desaforada opresión y despojo.
Por el contrario, la tradición británica, desde el surgimiento del Protestantismo y particularmente el crecimiento de la masonería, durante el siglo XVIII, se había convertido en una fuente de subversión liberal, anti-religiosa, y especialmente anti-católica. Esta posición liberal, materialista, había fructificado ya en la Revolución francesa de 1789 y había influenciado a la monarquía española, desde fines de la misma centuria.
Como consecuencia de ello, desde el comienzo del movimiento independentista en Buenos Aires, antes de la Revolución de mayo de 1810, cuando se estableció un gobierno nacional, dos fracciones estaban irreconciliablemente enfrentadas: 1) los tradicionalistas, grupo católico vigorosamente antimasónico, que favorecía una política de proteccionismo a favor de la industria y de las artesanías locales; y que también apoyaba un sistema político de “federación de los estados provinciales”, antes que un gobierno centralizado (de ahí que se llamara a sus miembros “federales”). 2) los liberales, un grupo pro-masón y pro-británico, que favorecía el “libre-comercio, y todo aquello que pudiera facilitar la infiltración y la “protección” inglesa de las nacientes naciones hispanoamericana; y que estaban también a favor de un gobierno centralizado, llamados por eso “unitarios”.
Los británicos, enteramente derrotados –según dijéramos antes- en sus intentos de invasión, procedieron entonces a infiltrar los sectores cultos de las clases alta y media, asociando astutamente el espíritu de independencia nacional con propuestas liberal-masónicas, acompañadas de la promoción del “libre comercio”, que favorecía sus planes comerciales en el “Nuevo Mundo”, y que atraía también a muchos comerciantes que vivían en Buenos Aires, el puerto principal de Sud América.
El soborno, la ideología liberal, la masonería y la intriga al por mayor, fueron así las herramientas principales mediante las cuales los británicos contribuyeron a desmembrar el antiguo Imperio Español, y a ganar a través de títeres nativos el control de las logias y de los partidos políticos. Cuando todo ello no era suficiente para alcanzar sus objetivos, la intervención armada directa se dispensaba sin demora, en favor de sus aliados nativos, alguna vez en coincidencia y colaboración con intereses imperiales franceses, tal como ocurriera en más de una oportunidad en Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, durante el siglo XIX.

La Colonia prospera: 1852 – 1946
Hacia 1852, el gran caudillo federal, don Juan Manuel de Rosas, quien había gobernado durante casi veinte tormentosos años como un verdadero nacionalista, fue derrotado por una alianza integrada por un buen número de argentinos unitarios, por tropas brasileñas, financiadas por los británicos, y hasta por un aventurero italiano y mercenario liberal, Giusepe Garibaldi, actuando las logias masónicas como “lazo de unión” entre todos estos heterogéneos socios.
De esta manera, a partir de 1852, se concretó la “Organización” institucional de la República Argentina, bajo la promoción y tutela de un grupo considerable y poderoso de masones liberales que operaban bajo la dirección de la Gran Logia británica.
Corresponde aclarar a esta altura que, si hacemos una referencia más bien extensa a la influencia británica en el desenvolvimiento histórico de Argentina, ello se debe a que –Gran Bretaña ha desempeñado desde el siglo XVIII un rol prominente como “punta de lanza” del movimiento sionista mundial, y esta organización ha asumido una influencia decisiva en los asuntos argentinos, en las últimas décadas, tal como lo veremos más adelante.
Estrictamente dentro del molde del “interés británico”, la economía argentina se desarrolló a un ritmo considerable. Se considera que, entre 1875 y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial; Japón y Argentina fueron los dos países que alcanzaron una más alta tasa de crecimiento (en el caso de Argentina, algo así como el 5%, acumulativo por año).
Es interesante hacer notar que las dos guerras mundiales tuvieron el efecto de un estímulo imprevisto para la industrialización nacional. Dado que las importaciones eran difíciles o aún imposible de obtener con motivo de la guerra, hubo que desarrollar rápidamente alguna suerte de industria local, a fin de proveerse de aquello que resultaba prácticamente imposible de obtener en el exterior. Y la ingeniosidad de la gente, unida a la perspectiva de buenas ganancias, hicieron el milagro de impulsar una industria nacional que se gestó al margen de la voluntad y preocupación de todos los gobiernos argentinos, desde 1852.
Para corroborar este criterio bastará decir que, después de la considerable diversificación económica y desarrollo industrial alcanzado durante la primera guerra mundial, el gobierno nacional no hizo nada para preservar el progreso logrado y aun trató de desandar en esa materia todo lo que le fue posible.
De cualquier manera, la economía argentina evidenció un firme y destacable crecimiento, desde 1852 hasta fines de la segunda guerra mundial. La cría de ganado y la producción agrícola aumentaron hasta el punto de que Argentina pasó a ser conocida como el “granero del mundo”. Las reservas monetarias eran elevadas, la moneda circulante fue por largos periodos convertible a oro a una tasa fija (patrón oro incluido) y la estabilidad de los precios era tan notable que el comportamiento del correspondiente “numero índice” resulta favorecido aun en comparación con el de las naciones más industrializadas del mundo.
Aunque Argentina era, económicamente hablando, un “país periférico” –ello es, una especie de satélite de las naciones más desarrolladas- había alcanzado un alto grado de bienestar, con un ingreso “per cápita” muy por encima del nivel medio mundial, y un grado muy ponderable de progreso cultural y social.
Todo este cuadro al que me estoy refiriendo es el que me permite calificar a aquella Argentina como una “colonia prospera”. Hasta entonces, sin embargo, no se habían planteado serias interferencias contra la nación, fuera de aquellas encaminadas a mantener el estado colonial. Y este había sido establecido con la cooperación de una clase dirigente compuesta por liberales, masones, y una oligarquía terrateniente opulenta, que no se preocupaba por el progreso de las masas populares.
En lo que se refiere a los logros económicos alcanzados, no fue difícil ni meritorio llegar a ellos. La riqueza natural del país, unida a una población bien dotada e industriosa, hicieron el progreso relativamente fácil. Por añadidura, una política de crédito abundante y barato, destinada a incrementar la producción, fue el complemento necesario.

El derrumbe de la prosperidad argentina
En líneas generales, Argentina era una nación prospera hacia fines de la segunda guerra mundial, llena de posibilidades de convertirse en unos pocos años en un verdadero “poder mundial”, tal como una brillante personalidad norteamericana –el Sr Archibald Mac Leish- me lo dijo hace unos 30 años atrás.
Argentina había logrado un progreso sustancial en materia de industrialización durante la guerra, como único medio de proveer la demanda interna, en momentos en que la importación de bienes se había tornado prácticamente imposible, y había acumulado también grandes créditos contra países extranjeros, especialmente contra Gran Bretaña, por la provisión de alimentos durante la guerra.
Sin embargo, el curso que argentina siguió, de 1946 en adelante, fue completamente distinto.
En 1946, un demagogo inescrupuloso –el general Juan Perón- fue democráticamente elegido para regir los destinos de la Republica, y esta sórdida personalidad, que se auto-promovió como un temperamento independiente, nacionalista, que había de prestar especial  consideración a las necesidades de los trabajadores y de los necesitados, pronto se convirtió en un dictador ineficiente, que rápidamente introdujo cambios en materia de política monetaria, los cuales pusieron en marcha el acentuado desastre económico que Argentina ha venido sufriendo estos últimos años.
La reforma principal introducida por Perón, poco después de asumir el cargo como Presidente constitucional, fue la de implantar la restricción crediticia para fines productivos y la de elevar substancialmente las tasas de interés bancario.
Esta política, dicho sea de paso, coincidía plenamente con las recomendaciones que poco después el profesor Milton Friedman, un economista sionista de la Universidad de Chicago y ganador del premio Nobel, puso en marcha como la mejor receta “monetarista” para combatir la inflación en cualquier país del mundo.
Pero esa no fue la única coincidencia entre Perón y los sionistas y masones, durante sus diez años de gobierno, entre 1946 y 1955. El –por ejemplo- designó al asumir la presidencia, como Ministro del Interior (el más alto cargo político de su gabinete) al judío-sionista Angel Borlenghi, un dirigente obrero de segunda o tercera categoría que no había tenido significación alguna en el ascenso de Perón al poder; sin embargo, ese personaje fue mantenido en tan importante cargo prácticamente hasta que manifestado como un sostenedor de la educación moral, católica, en las escuelas lentamente se apartó de esa posición después de algunos años, y se convirtió en gran responsable de la persecución y encarcelamiento de muchos sacerdotes católicos en todo el país, así como de la quema de varias de las más importantes iglesias y reductos históricos del catolicismo en Buenos Aires, en junio de 1955.

Abrumadora influencia sionista en Argentina, en las últimas cuatro décadas.
El derrocamiento de Perón, en septiembre de 1955, de ningún modo significó que la influencia sionista dejara de jugar un rol predominante en los gobiernos que lo sucedieron.
Por el contrario, podemos afirmar que esa influencia no solo continuó, sino que se acrecentó considerablemente. Y aun sostener que este es el común denominador de los gobiernos que ha tenido la Argentina en las últimas décadas: sean ellos militares o civiles, peronistas o antiperonistas (radicales, por ejemplo, como los que gobiernan hoy, encabezados por el presidente Alfonsín).
Como consecuencia de ello y en relación con la política económica, ningún gobierno ha cambiado, desde 1955 hasta el presente, la funesta estrategia de mantener “drásticas restricciones crediticias y altas o muy altas tasas de interés bancario”, sin importarles los efectos catastróficos de esta política en la producción nacional.
A comienzos de este año, 1987, escribí un artículo para el Boletín de Educación Económica, publicado trimestralmente por el Instituto Norteamericano de Investigaciones Económicas, con sede en Barrington, Massachusetts.
El artículo tiende a ilustrar, sobre la base de la experiencia argentina, acerca de la “conspiración económica” encaminada a obtener el control mundial global, que los banqueros internacionales están llevando adelante, bajo el liderazgo de David Rockefeller y su “COMISION TRILATERAL”. He aquí algunos párrafos del referido artículo:
“Tal como explico en mi libro, Teoría Cualitativa de la Moneda, ed. Fuerza Nueva, Madrid, 1982, Argentina se desempeñó muy bien –en cuanto a crecimiento económico- a lo largo de más de un siglo (1830- 1945), a pesar de su definida condición de “país agrícola” (productor de granos y carnes), prácticamente desprovisto, hasta la Gran Crisis Mundial, de ninguna industria significativa.
No cabe la menor duda de que la razón esencial de ese excelente y duradero desempeño económico (firme crecimiento del producto nacional real y notable estabilidad de precios) fue la abundancia del crédito, otorgado por el sistema bancario, a muy bajas tasas de interés (muy rara vez por encima del 4 % anual, pero frecuentemente por debajo de ese límite).
Durante ese prolongado periodo, hubo abundantes “desarreglos fiscales”, ello es, déficits presupuestarios del gobierno y emisiones de papel moneda destinados a cubrirlos. Ello no obstante, el crecimiento productivo y la estabilidad de precios siguieron su curso sostenido.
Hacia 1946, coincidiendo con el acceso de Perón al gobierno constitucional, se dispuso un drástico giro en la política monetaria: a partir de entonces, la restricción crediticia y el aumento de las tasas de interés fueron implantados sistemáticamente, basados en la causal de que el año anterior (1945), por primera vez en más de un siglo, había ocurrido un incremento del “índice de precios” próximo al 20 %, pero que no llegaba a ese límite.
Después de 1946, la tasa de inflación mantuvo su nivel o creció más aún. No obstante el hecho de que la política de dinero (crédito) escaso y caro no trasuntaba resultados favorables, la actitud de las autoridades económicas fue la de permanecer en el mismo rumbo: cada día dinero o crédito más escaso y más caro, supuestamente para curar la inflación y la desocupación, aun cuando –como decimos en castellano- el remedio fuera peor que la enfermedad.
Después del derrocamiento de Perón en 1955, cuando la Argentina se asocia al Fondo Monetario Internacional (1957), esta institución presionó para endurecer esta desastrosa política. La restricción crediticia –a través del sistema bancario- fue reforzada en todo el país y las tasas de interés que aplicaban los prestamistas no bancarios (las compañías financieras habían aparecido por doquier, luego de la restricción crediticia bancaria iniciada en 1946) alcanzaban normalmente al 1 o 1,5 diario.
A pesar de todas las restricciones crediticias y monetarias aplicadas hasta entonces, hacia el comienzo de la década del 70 la situación se tornaba cada vez peor: la tasa de inflación promedio, por ejemplo, 1973/1975 sobrepasó del 400 al 500 % por año. La quiebra de empresas aumentaba sin cesar, las tasas de desocupación eran extremadamente elevadas, a pesar del hecho de que, entre 1950 y 1970, de 2 a 3 millones de personas habían abandonado la Argentina, en busca de trabajo y/o un nivel de vida soportable en el extranjero.
Hacia 1976, aun se avecinaba lo peor. Ese año una Junta Militar tomó el poder y designó a José Martínez de Hoz como Ministro de Economía. Este individuo, profesor de la Facultad de Derecho y proveniente de una familia adinerada, resultó un representante sin disimulo de David Rockefeller y su conclave de banqueros internacionales.
El amplio apoyo brindado a Martínez de Hoz por la camarilla militar que estaba en el poder, le permitió llevar la política de “dinero escaso y caro” hasta sus peores extremos. De 1976 a 1981, mientras él condujo la economía de la Nación, las tasas de interés bancario superaron con frecuencia el 400 y el 500 % anual. El capital especulativo extranjero acudió a raudales a la Argentina y algunos miles de millones de dólares provinieron de la bolsa de David Rockefeller. Mientras tanto, exclusivamente para operaciones cambiarias, se mantuvo la moneda nacional fuertemente sobrevaluada, lo cual dificultó gravemente las exportaciones argentinas y facilitó al extremo las importaciones. Para poder mantener ese esquema en funcionamiento, Martínez de Hoz contrató préstamos a sus amigos, los banqueros internacionales, por 30.000 millones de dólares. Y ese es, dicho sea de paso, el origen de la “deuda externa” argentina.
Hiperinflación, descalabro productivo, desocupación y fuerte endeudamiento externo, fueron los resultados de esa vergonzosa maquinaria de subordinación a los dictados de los banqueros internacionales y del socio de estos, el Fondo Monetario Internacional.
Hacia fines de 1983, los militares transfirieron las riendas del poder a un gobierno democráticamente elegido. Pero las características principales de la política monetaria permanecieron intactas, hasta el día de hoy.
Los sobornos y las presiones, administrados por los financistas internacionales, parecen ser un factor tan penetrante con los dictadores militares corruptos como con los gobernantes democráticos corruptos. Este es un hecho que cada día se torna más evidente en nuestro Mundo Occidental. Y tal vez sea la razón por la cual hemos venido sufriendo –durante más de cuatro décadas- esta política suicida, que es buena para los banqueros internacionales y mortal para el pueblo argentino.
Ahora bien, uno puede preguntarse si esta terrible decadencia, desde 1946, puede deberse con exclusividad a la actitud débil y/o a la pura estupidez de los argentinos. Aunque yo lamentablemente debo reconocer que ha existido una dosis de ambas cosas –debilidad y estupidez- de parte de muchos de mis compatriotas, también debo manifestar que el sionismo ha usado eficientes armas complementarias, a fin de obtener los dividendos económicos y financieros, así como el control aludido anteriormente. A estas armas nos referiremos a continuación.

Democracia, dictadura, medios masivos de comunicación y terrorismo, como herramientas complementarias de la estrategia económica y financiera sionista.
En mi opinión, la dirigencia sionista no tiene escrúpulos en cuanto al uso de cualquier instrumento político –no interesa cuan horrible pueda ser- a fin de alcanzar sus metas económicas y financieras.
Sobornar a un dictador y a sus colaboradores inmediatos puede parecer más fácil que sobornar y controlar la cúpula de los partidos políticos, bajo una democracia liberal. Sin embargo, la realidad ha demostrado que la democracia liberal puede ser más conveniente, a través de la financiación y el soborno de la dirigencia de todos los partidos, puesto que un dictador o una camarilla dictatorial, puede no ser enteramente confiable, en especial si el dictador pretendiera, eventualmente, prestar alguna atención a las masas y algún “apoyo popular”.
En mi más reciente libro, “Jesucristo nazi-fascista”, explico con algún detalle cómo y por qué la democracia liberal se adapta mejor a la estrategia sionista, aunque en Argentina ambas, dictaduras y democracia liberal, hasta ahora, han servido por igual a los propósitos del sionismo.
En líneas generales, el más poderoso instrumento complementario del control económico y financiero que el sionismo está logrando rápidamente sobre el mundo entero, es su virtual monopolio, tanto nacional como internacional, de los “medios masivos de comunicación”.
La Argentina muestra en la actualidad el grado de perfección alcanzado por el sionismo en su casi completo control de los medios nacionales de comunicación. En este país, que es el mío, hay un gran número de estaciones de radio y canales de televisión que son públicos, vale decir, de propiedad del gobierno. Esto, en gran medida, facilita la tarea de dominación sionista, porque el sionismo controla al gobierno y, por ende, controla todos los medios de que el gobierno es propietario.
En lo referente a los “medios” de propiedad privada, el problema también resulta relativamente fácil, puesto que la mayoría de los gastos en propaganda son efectuados actualmente por grandes empresas multinacionales y por bancos y compañías financieras, prácticamente todos ellos controlados por los sionistas; por consiguiente, tales entidades pueden interrumpir el otorgamiento de propaganda pagada a cualquier medio de comunicación que no preste atención a sus “sugerencias”.
En la Argentina, por ejemplo, desde 1946, nadie que estuviera privado de la aprobación de la camarilla sionista dominante ha tenido la menor posibilidad de ser incluido en un diario de mucha circulación, menos aun si el candidato era conocido por sus opiniones críticas respecto de las felonías sionistas.
Pero el sionismo puede ir aún mucho más lejos. Su dirigencia puede desacreditar o calumniar personas, cualquiera sea su respetabilidad, con la seguridad de que ellos no serán enjuiciados o penados por ese motivo.
He aquí una prueba práctica: en mayo de 1985, “Clarín”, el diario de Buenos Aires con mayor circulación, se despachó acusando al Dr.  Beveraggi Allende, ello es, al que habla, de “echar a estudiantes judíos del aula en que dictaba clases, en la Universidad de Buenos Aires”. Esta acusación, absolutamente falsa, fue difundida a través de todos los medios masivos de comunicación, incluyendo diario y televisión, por todo el territorio nacional. Yo ni siquiera intenté demandar a los responsables ante los tribunales, porque descontaba que no obtendría ninguna satisfacción o reparación en respuesta a una agresión tan injusta.
A través de lo explicado hasta este punto, el poder de control alcanzado por el sionismo en Argentina resulta verdaderamente dramático: 1) por una parte, el predominio económico-financiero logrado por medio del soborno a dictadores y políticos por igual, en colaboración con la poderosa y bien publicitada red de banqueros internacionales y agencias mundiales asociadas a ellos; 2) el casi completo monopolio de los medios masivos de comunicación, lo que les permite imponer los criterios supuestamente científicos del sionista Milton Friedman y su “monetarismo”, como una receta “curalotodo” contra la inflación y la desocupación, aun cuando esta propuesta mágica sea la mejor sugerencia para hundir a tales países en una espiral infernal de pago de intereses y endeudamiento externo.
Y permítanme recordarles, Señores, que no me estoy refiriendo a una hipótesis abstracta, si no a la triste y concreta experiencia de mi propio país, una nación prospera y progresista hasta hace 40 años, que ha sido reducida en ese lapso a la miserable condición de país deudor y subdesarrollado.
Y puedo añadir que el sionismo ha probado disponer de muchas herramientas complementarias, en apoyo de sus planes opresivos y destructivos. De estas, mencionaré solamente una, extremadamente perversa pero también extremadamente eficiente. Y me estoy refiriendo al terrorismo; al terrorismo en gran escala y altamente organizado, como aquel en el cual los israelíes han probado al resto del mundo ser verdaderos maestros. Y el terrorismo de esta naturaleza puede servir a diversos propósitos estratégicos y tácticos, como se ha puesto en evidencia en la Argentina, donde dirigentes intelectuales y prácticos del terrorismo subversivo incluyen nombres de fama mundial, como los del periodista Jacobo Timerman, y del banquero David Graiver.
El terrorismo manejado por el sionismo fue utilizado en la Argentina para “desestabilizar” gobiernos, tanto militares como democráticos-constitucionales, en las décadas de los años 60 y 70; y también para promover la ideología marxista, pero así mismo para impulsar una “guerra psicológica” de vastos alcances, dentro y fuera del país, destinada –por ejemplo- a culpar a los militares de una total insensibilidad por los “derechos humanos”.
Y la dirigencia sionista que respaldó a Martínez de Hoz como “capitoste” discrecional de la economía argentina entre 1976 y 1981, a través del mismo Martínez de Hoz recomendó a la Junta Militar que gobernaba el país en ese momento que no aplicara el procedimiento legal en la lucha contra los terrorista, sino –en su remplazo- la metodología de la llamada “guerra sucia”.
Pero unos años después, los sionistas -en una campaña de alcance mundial- condenaban a las Fuerzas Armadas en su conjunto, por la aplicación de esa técnica que ellos mismos le habían recomendado a la cúpula militar.
En pocas palabras, el terrorismo científico aplicado, asociado o no con la droga (una materia en la cual el sionismo tiene el liderazgo, tal como en Estados Unidos lo ha probado el Executive Intelligence Review, mediante su libro “Narcotráfico Sociedad Anónima”) puede ser usado eficientemente, tanto para eliminar un adversario molesto como para desorientar completamente al pueblo, desviando su atención de cualquier asunto grave por razones tácticas.
Yo he llamado por años la atención de mis compatriotas, señalando que “el destrozo y vaciamiento económico” de la Argentina, por parte de los sionistas, fue siempre acompañado por una intensa actividad terrorista, promovida también por ellos.



N. de la R.: Conferencia leída en el Instituto de Revisionismo Histórico, de los Estados Unidos, los Ángeles, California, el 9 de octubre de 1987. Publicada en Patria Argentina N° 12, octubre de 1987.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Celebracion del Dia de la Soberanía Nacional

El pasado domingo 20 de noviembre, el Circulo Nacionalistas de Santiago del Estero, cumplió -como lo hace desde su fundación- con el deber de celebrar el Día de la Soberanía Nacional. El acto consistió en una sencilla pero emotiva ceremonia en la que se rindió homenaje a los héroes de la gesta de Obligado y se depositó una ofrenda floral. Hicieron uso de la palabra los camaradas Enrique Marañon y Pablo Hatun.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Pensando en voz alta, ante un nuevo aniversario de Vuelta de Obligado

Pienso en todo lo que nos está pasando a los argentinos. Pienso en voz alta como queriendo encontrar una respuesta acorde a mis inquietudes patrióticas y cristianas. Pienso en lo que está pasando en el país justo a unos pocos días de celebrar una fecha tan importante como lo es el día de la Soberanía Nacional; y me pregunto ¿Qué es lo que festejamos?

Para los nacionalistas está claro, festejamos el triunfo de la voluntad inquebrantable del patriotismo argentino contra el patoterismo imperial. Sin embargo no faltan quienes solo ven en el combate de Vuelta de Obligado una derrota inútil.

Muchos se olvidan lo que representó el sacrificio de hombres y recursos para detener al invasor, quizás pensando de antemano que la batalla ya estaba perdida antes del primer cañonazo.

Pienso en las consecuencias que nos trajo ese aire derrotista que los liberales anti-rosistas, impregnaron en las páginas de nuestra historia oficial; y como hoy ciertos intelectuales y personajes mediáticos -que los hay de sobra- buscan desacreditar la gloria y el honor de la lucha por la soberanía.

Lamentablemente parece que los argentinos han optado por olvidar las gestas heroicas, y reemplazarla por las gestas futboleras y los espectáculos televisivos.

Me pregunto ¿Que hará Macri para el 20 de Noviembre? ¿Reivindicará a Rosas y a los héroes de Vuelta de Obligado? o apostará al conocido discurso de que con la democracia liberal (ahora sin los Kirchneristas) ya hemos recuperado la Soberanía y la dignidad que como Nacion nos merecemos.

No sé pero pienso que nos falta mucho para hablar de Soberanía. Que la Soberanía la hemos perdido hace mucho, en 1852 cuando la anti-patria venció en Caseros a don Juan Manuel de Rosas; y que aunque si bien es cierto la recuperamos por 45 días en 1982 aún estamos muy lejos de ser una Nación Soberana.

Dios nos de la gracia para ser merecedores de ella, porque si no hemos despilfarrado la sangre de muchos que murieron por ella.

C.P,N. Enrique Marañon (h)

jueves, 10 de noviembre de 2016

Una Constitución tabú

Hasta el año 1951, la actual provincia del Chaco, debido a su escasa población, no revestía el status jurídico de provincia si no el de “Territorio Nacional”. Recién en dicho año esa porcion de suelo argentino se incorporó a la vida institucional de la Republica con el carácter de provincia.
Apenas concretada la provincialización de aquel territorio, el Poder Ejecutivo nacional llamó a comicios generales para elegir representantes a una Asamblea constituyente encargada de elaborar la Constitución que regiría los destinos de la nueva provincia.
En esas elecciones resultó triunfador el partido Justicialista, y por ende la mayoría de los convencionales electos fueron hombres provenientes del movimiento obrero peronista. Su presidente fue el Dr Julio De Nicola, y el vice, el dirigente obrero Jose Demetrio Sepúlveda.
El primer acto de dicha Convención Constituyente fue denominar a la nueva provincia “Presidente Peron”. Mas allá de esta polémica decisión, la Convención dictó una Constitución Provincial en muchos aspectos modélica, que no solo se inspiró en los sabios principios consagrados en la Constitución Nacional de 1949, en cuanto a los aspectos sociales y económicos; si no que además avanzó hacia una reforma del sistema representativo, con miras a terminar con el monopolio de la representatividad ejercido por la partidocracia.
En efecto, esta Constitución provincial, sancionada el 22 de diciembre de 1951, en su art. 33, referido a la composición del Poder Legislativo estableció que el mismo estaría conformado por miembros que en su mitad serian representantes elegidos por los ciudadanos a través de los partidos políticos; mientras que la otra mitad de los miembros de dicho Poder serian elegidos por aquellas personas que formen parte de los cuerpos intermedios de la sociedad  reconocidos legalmente.
El articulo mencionado dice textualmente lo siguiente: “El Poder Legislativo se ejercerá por una Cámara de Representantes cuyo número será de uno por cada catorce mil quinientos habitantes o fracción que no baje de siete mil quinientas. Después de la realización de cada censo general, la Legislatura fijará la representación con arreglo a aquél, pudiendo aumentar, pero no disminuir el número de legisladores.
La mitad de la representación será elegida por el pueblo de la provincia, dividida ésta en tantas circunscripciones como número de legisladores componga esa mitad.
La otra mitad de los representantes será elegida por los ciudadanos que pertenezcan a las entidades profesionales que se rigen por la ley nacional de asociaciones profesionales, debiendo estar integrada la lista de candidatos con miembros de dichas entidades, dividida igualmente la provincia en tantas circunscripciones como número de legisladores compongan esa mitad.”
            Como se ve, con esta disposición de clara tendencia corporativista –aunque imperfecta aun- el sistema representativo demoliberal quedó fuertemente acotado y mitigado, abriéndose así la puerta a un sistema representativo verdaderamente legitimo, de  carácter natural y orgánico.
Si bien en la práctica lo dispuesto por los convencionales chaqueños no se llegó a aplicar, lo legislado quedó como un peligroso y molesto antecedente para el Régimen o Sistema de Dominación. No ha de extrañar entonces que esta interesante y revolucionaria Constitución provincial haya pasado a ser un texto tabú y literalmente “desaparecido” en nuestra legislación constitucional.
Ante la patética crisis política en la que vivimos sumergidos los argentinos, con dirigentes políticos que no son mas que una banda de delincuentes vendepatrias, y ante la gravísima crisis terminal que avizoramos, no esta de mas que los nacionalistas traigamos a colación este texto legal pleno de virtualidades positivas.


                                                                                                      Dr. Edgardo A. Moreno

martes, 1 de noviembre de 2016

1° CONGRESO DE ACTUALIZACIÓN POLÍTICA DEL NACIONALISMO

8 y 9 de octubre de 2016

Ciudad de Santa Fe

Documento Final

Largos años de sometimiento político y degradación cultural han dejado a la Argentina sumida en una profunda decadencia. Nuestro pueblo ha sido guiado sistemáticamente a un suicidio espiritual promovido por los servidores de la globalización política y económica y el multiculturalismo. Por ello, el Nacionalismo Argentino se ve en la imperiosa necesidad de trabajar en pos de su revitalización y, de este modo, retornar a la contienda política renovado y actualizado. Solamente en dicha inteligencia, puede darse un genuino resurgimiento que atienda a las necesidades y circunstancias del presente.

No pretendemos negar su historia o sus doctrinas. Por el contrario, en la vocación militante del presente reafirmaremos todo aquello que en, largos años de sacrificio, se nos ha legado como verdadero tesoro. Resulta claro que ninguna idea puede sobrevivir enajenada de su praxis. Y, justamente, a esto llamamos: a cuidar lo heredado poniendo en práctica los principios acuñados.

Bien conocemos las dificultades de nuestro tiempo. Sin embargo, el mapa geopolítico mundial ha comenzado a cambiar. El fracaso universal del régimen democrático y el capitalismo liberal ha producido un escepticismo que no obstante. raudamente va encendiendo una nueva esperanza patriótica. Argentina no está ajena a esta realidad. El hastío de nuestros compatriotas comienza a transitar el mismo derrotero y, de allí, la imperiosa necesidad de ponerse en marcha.

1) Dos objetivos inmediatos: unificar y difundir

Un sinnúmero de disensiones y divergencias ha hecho del nacionalismo un espacio político capaz de reproducir, una y otra vez infinidad de quiebres en sus propias filas.

Es necesario terminar con  discusiones inertes que solo facilitan el avance del enemigo. Nos proponemos ir al rescate del patriota bien intencionado y con verdadera  vocación de servicio. Es por ello que esta confederación aglutina a nacionalistas que, aun guardando distintos matices, no pierden de foco la relevante necesidad de salvaguardar la Patria. No basta con enunciar la “unidad”, postergada por largo tiempo. Por el contrario, dicha unificación debe llevarse adelante mediante el esfuerzo y la renuncia a posiciones personales. 

Pretendemos, también, llevar adelante la difusión masiva del Nacionalismo. Los últimos años se han caracterizado por la intención de ceñir nuestras ideas a un puñado de selectos. Lejos de esto, la política verdadera se ha de practicar con personas y hombres de a pie.

Hemos alejado el nacionalismo del operario, del alumno y de la calle para reducirnos a un encuentro o charla de formación. Claramente, este nuevo proyecto es plural y nos acerca a una realidad militante alentada por el sacrificio cotidiano, no solo concretamente practicado sino predicado a la mayor cantidad posible de compatriotas: El Nacionalismo es para todos los argentinos de buena voluntad.

2) El Enemigo

Se trata de un Sistema o Régimen de Dominación. El mismo es un compendio general de todos los vicios políticos que el Nacionalismo viene denunciando desde hace más de 80 años  resumidos  en:

Liberalismo político: Inveterado enemigo del movimiento nacional que se traduce en  democracia de masas. Soberanía popular y leyes que validan absolutamente a una partidocracia corrupta, oligárquica y funcional a la oligarquía económica. La denominada democracia, no ya como un medio para elegir gobernantes, sino como forma de vida donde alcanza el dogma y el rigor de una religión, donde no existe la verdad ni el error y todas son opiniones en absoluta igualdad. Es la dictadura de mayorías circunstanciales y de los medios de comunicación cuya mera impugnación intelectual puede traer incluso consecuencias penales. Dogma inamovible desde que se instaurara en 1983 hija de la derrota de Malvinas  y con el Mito de los 30.000 desaparecidos como argumento y  soporte.

Capitalismo de raíz financiera: con su fundamentalismo de mercado, con sus bancos y multinacionales funcionando en cadena y expropiando a la Nación y al pueblo del producto de su trabajo, entre otras cosas y especialmente mediante el cobro de una Deuda Externa impagable e ilegítima, una bomba de succión de nuestras riquezas. La miseria económica que ha desatado no tiene parangón en un país rico como el nuestro  Se lo ha llamado acertadamente a su beneficiario Imperialismo Internacional del Dinero y  sus figuras relevantes la oligarquía económico- financiera global

Progresismo: que puede ser subsumido en marxismo cultural o liberalismo jacobino, el mismo se manifiesta en la estigmatización de la auténtica dimensión espiritual del hombre, destruyendo todos los valores religiosos familiares y patrióticos, el orden natural y el sentido común. Disolución de la autoridad (en lo familiar y en lo social) y dilución del poder del Estado conocido como Estado ausente e ideología de los derechos humanos (garantismo penal, delincuencia impune, exaltación del terrorismo, destrucción del aparato de defensa etc.), temática de género explicadas mediante el constructivismo social ( homofilia, feminismo radical, matrimonio homosexual con adopción de hijos) aborto y control natal, liberación y generalización del consumo de drogas y en general la permanente validación de conductas antisociales y anti patrióticas como frutos de una libertad entendida en clave anárquica de caos. Desde los lobbies culturales y medios de comunicación, encarna la anarquía, la destrucción moral de la sociedad y la dilución de las jerarquías.

Estos tres componentes están propagados y financiados por la acción cada vez más abierta de los centros de poder internacional, apoyados  por la maquinaria militar de los países centrales y especialmente de los EEUU, Reino Unido,  Israel y las demás potencias atlantistas, para disciplinar a los pueblos que se resisten a aplicar el tríptico antes mencionado. Prestos a cualquier matanza y avasallamiento en nombre de la Democracia, los Derechos Humanos y el Libre Mercado.
Desde ya rechazamos los criterios referentes a este tema que se basan en cuestiones o categorías propias de la Guerra Fría, muy difundidas en nuestro medio, pero que solo confunden sobre la real filiación del enemigo, cuando no son fomentadas por éste y sus agentes locales para confundir.
Comprendemos que este es un fenómeno que no puede ser combatido fraccionalmente ni el mismo Sistema permite aceptar el tríptico mencionado con beneficio de inventario. El combate debe ser integral de lo contrario se va al fracaso

3) Organización

Conscientes del poder enemigo se torna necesario dar combate con los escasos medios que poseemos. Organizarse y militar incansable y coherentemente, tratando de dotar a nuestra entidad de una plantilla de cuadros preparados para la resistencia política. Sabiendo que sólo convencidos y dispuestos al sacrificio de una lucha desigual estaremos dando una alternativa a muchos hombres que esperan. La organización será una organización de cuadros o sea de militantes con conocimientos y saberes en política.

4) El Poder

Nuestro norte es formar otro Estado que actúe a favor de la Nación. El Estado no es un testigo de la vida de la nación, ni un guardián de su cauce; es el conductor de la vida nacional al servicio de su misión de destino en lo universal. Por ello resulta necesario construir  poder propio e identificarlo con la Nación. Hacer política es pensar en el triunfo del Bien Común. Claramente, descartamos por irreal la “esperanza” de una “reacción nacionalista militar” menos podemos depositarla en el Peronismo hogaño entregado totalmente al Sistema, ambas opciones están destinadas al fracaso. Depositar expectativas sobre falsas opciones llevan al desánimo y derrota de los militantes que buscan un nuevo camino, lejos de la triste historia cíclica argentina. Por ello es necesario marcar una estrategia para la toma del poder político y para ello antes debemos tener poder propio y un lugar político que nos identifique: Un movimiento nacionalista con estructura y un despliegue territorial de orden Nacional.

5) Federalismo

Este emprendimiento tiene un acendrado espíritu federal, siempre enunciado pero poco practicado por el Nacionalismo. Nuestras provincias continúan guardando, pese a la destrucción cultural sufrida, los valores tradicionales de la Patria. Por ello apelamos a la descentralización que implica formar un colectivo de grupos, sean estas agrupaciones, movimientos, partidos políticos o simples grupos de personas, por pequeños que sean, que piensan como nosotros en la necesidad de luchar para recuperar la Patria. Nuestra meta es que haya nacionalistas trabajando para el colectivo en todas las provincias

6) Acceso al Poder

En virtud de lo dicho, las circunstancias de tiempo y lugar serán las que dicten los medios más aconsejables para acceder al poder. Actualmente, y  en esta etapa embrionaria, no existen salidas a corto plazo que no sean un suicidio políticoEs necesario que los militantes tomen conciencia de ello para no caer en el desanimo ni escuchar cantos de sirenas No dogmatizamos cuestiones que no son dogma de ningún tipo y por  ello no descartamos ningún medio licito para la toma del poder Teniendo siempre en cuenta, para forjar y afianzar nuestro instrumento político, aquello de que la relación más pura y transparente de representatividad está dada en el Municipio, se continuará trabajando con especial énfasis en tener base municipal donde trabajen y militen nacionalistas por el Bien Común. La construcción de nuestro colectivo  será Municipio, Provincia y Nación

6) Nuevo Estado y Nueva República

Contra el tríptico operante en nuestra Nación con el cual el enemigo destruye a la misma, nosotros planteamos restaurarla y liberarla para refundar el nuevo Estado que será instrumento para el logro de una:

República Patriótica recuperando nuestra soberanía conculcada, nuestra economía entregada, nuestra cultura pervertida, nuestra historia falsificada y nuestras costumbres mancilladas. Creemos que más allá de las instituciones liberales con la que se ha subvertido la política, la Nación aun existe a pesar que dividida. Justamente queremos encarnar un ideal de unidad que estuvo presente en el sentir de los grandes hombres de nuestro pasado como San Martín, Belgrano, Artigas, Ramírez, Rosas, defensores incansables de la integridad de nuestra argentina Somos tributarios de la corriente patriótica que une la Reconquista y Defensa de Buenos Aires, La Vuelta de Obligado y la epopeya de Malvinas. Batallas de una guerra inconclusa aun. Contra el progresismo, el izquierdismo cultural disgregante oponemos el amor a Dios el sentido común y el orden Natural y la fuerza del patriotismo. Contra el odio ideológico y la destrucción de la cultura el amor a la Patria y a nuestro pueblo, a nuestras tradiciones, a nuestra historia a nuestro modo de vida, a nuestra libertad que nada tiene que ver con el liberalismo pues nuestras libertades tradicionales han sido siempre conjugadas en un sistema de autoridad, jerarquía y orden.
República Social: Planteamos una opción revolucionaria contra el sistema económico vigente; y especialmente lo hacemos al colocar el dinero como medio de cambio y medida de valor de los bienes y servicios no como una mercadería escasa para beneficio de la usura parásita. Planteamos también las aplicaciones del principio de subsidiariedad, y la ley de reciprocidad de los cambios olvidadas cuando no repudiadas por el capitalismo en aras de la ganancia sin límite moral alguno. Queremos la mayor difusión posible de la propiedad privada única forma de remediar los problemas sociales y el consecuente odio clasista y una reforma de la misma que permita a los trabajadores participar de la riqueza producida más allá del salario. Ello hace a la justicia social y a lograr finalmente la eliminación de la pobreza.
Republica OrgánicaLa condición política del individuo se justifica solamente cuando cumple una función dentro de la vida nacional por ello estamos en contra de la inorganicidad que encarna el demoliberalismo y de la que se beneficia la partidocracia con los resultados que hoy tenemos a la vista. La representación popular se establecerá sobre la base de los municipios de las corporaciones de profesionales, los sindicatos, y demás instituciones intermedias que hacen a la representación real de los ciudadanos.  Contra el principio un hombre un voto sostenemos la organicidad social o Comunidad Organizada que se sostiene en el individuo no como ser aislado sino que integrado en los órganos de la sociedad. Este tipo de república admite una pluralidad de cuerpos sociales intermedios entre el Estado y el individuo, tanto territoriales (municipio, comarca, región, nación, etc.) como institucionales (Iglesia, administración, ejército, etc.) profesionales (colegios médicos, de abogados de profesionales de diferentes ramas) Gremiales (de obreros de las diferentes ramos de la producción) de empresarios y comerciantes de distintos rubros. La diferencia con el demo liberalismo es obvia.


7) Colofón y curso de acción inmediato. En definitiva, podemos decir como síntesis fundamental del Congreso y como base de nuestros lineamientos para la  acción política inmediata  que debemos

1) Afianzar la organización de la estructura de nuestro movimiento y proveer a su despliegue territorial. ORGANIZAR

 2) Reclutar militantes y formarlos conforme a la doctrina, o sea, prepararlos como cuadros políticos; bien sea para la etapa agonal como arquitectónica de nuestra acción, lo que implica estudiar profunda y sistemáticamente los diferentes cuestiones históricas, políticas, económicas y culturales y geo- estratégicas que hacen a nuestra problemática nacional. Debemos reclutar la cantidad suficiente de militantes y de allí seleccionar los mejores. RECLUTAR Y FORMAR

3) Difundir hacia la periferia nuestra doctrina, tendiente a acrecentar la cantidad de militantes hasta formar una masa crítica. En otras palabras, resulta perentorio reunir la cantidad necesaria de gente para que el fenómeno de la difusión y crecimiento se dé naturalmente. Afianzar la confederación mediante los pasos anteriores, logrando una estructura de orden nacional con un despliegue territorial en todas las provincias argentinas, será la única forma en que podremos presentar batalla al enemigo de forma contundente y eficaz. PREDICAR Y DIFUNDIR

Dios y nuestra Patrona la Virgen de Lujan nos den fuerza para esta difícil etapa que emprendemos.

CONFEDERACIÓN DE AGRUPACIONES NACIONALISTAS


viernes, 28 de octubre de 2016

Imágenes del Congreso Nacionalista de Santa Fe

Compartimos aquí algunas imágenes del Congreso realizado por la Confederación de Agrupaciones Nacionalistas (C.A.N.) durante los días 8 y 9 de Octubre del corriente año, en la ciudad de Santa Fe.

Apertura a cargo de Hernan Capizzano
Entonación del Himno Nacional Argentino
Panel integrado por Octavio Guzzi y Guillermo Rojas
Exposiciones de Carlos Diaz y Santiago Alonso
Panel de Enzo Guzman y Edgardo Moreno

sábado, 3 de septiembre de 2016

Importante evento

La Confederación de Agrupaciones Nacionalistas ha convocado a todos los interesados en la organización de una herramienta política para asegurar el futuro de la Patria, a un Congreso nacionalista que se llevará a cabo los días 8 y 9 de octubre, del corriente año, en la ciudad de Santa Fe. En el mismo se debatirá sobre "la actualización política del nacionalismo argentino; sus medios y fines". El Circulo Nacionalista de Santiago del Estero ha comprometido, tempranamente, su participación en dicho importante evento.


Nota al pie:

¿POR QUE UNA CONFEDERACIÓN DE AGRUPACIONES NACIONALISTAS?

La recientemente constituida Confederación de Agrupaciones Nacionalista, que aglutina a varias y diversas organizaciones que desde hace ya bastante tiempo vienen llevando a cabo una militancia real en varias provincias, no es un antojo aventurero, ni una iniciativa irreflexiva de corte voluntarista.
Por el contrario, es la coherente puesta en acto de una decisión a la que se llegó luego de un análisis realista de la situación por la que atraviesa el nacionalismo argentino.
En efecto, en lo que respecta a la tan anhelada, y aparentemente utópica, unidad de los nacionalistas, es evidente que la diversidad de matices doctrinales y la ausencia de un líder indiscutido, han impedido la conformación de un único Movimiento nacionalista en nuestra Patria. 
Si bien es cierto, esto fue así desde los orígenes mismos de nuestro movimiento, hogaño esta situación es mucho más perjudicial que antes por la sencilla razón de que el Sistema de Dominación se ha consolidado de tal modo que no existe ante él prácticamente resistencia alguna, y ello ha convertido ya a nuestro país en una nación inviable.
Lo mismo podemos decir respecto a la estrategia a seguir a los efectos de alcanzar el umbral de poder suficiente para lograr la independencia de la Patria y el Bien Común de los argentinos. En ese sentido la disputa enconada entre aquellos que consideran posible una accionar dentro de la partidocracia, y los que se oponen a cualquier concesión con el Sistema; así como las diferentes vías de acción propuestas, sean estas culturales, de capilaridad, de influencia en los factores de poder, etc.; han hecho imposible un accionar mínimamente concurrente.
Todas estas divergencias -a las que se les deben sumar las infaltables rencillas personales producto de las miserias humanas- configuran un panorama desolador para nuestro movimiento, que se visibiliza en la existencia de tan solo unas pocas y minúsculas agrupaciones, ateneos, organizaciones, etc., que actúan en forma individual e irregular, con una constancia y una eficiencia relativa y dispar, a lo largo y ancho del país.
Ante este cuadro de situación la opción de vincular a la máxima cantidad posible de organizaciones, manteniendo cada una de ellas su autonomía pero coordinando su accionar mediante un órgano, representativo de todas ellas, que fije una estrategia común, planifique y decida acciones, podría dar buenos resultados y ser una solución al menos parcial a los inconvenientes descriptos. 
Por cierto que en otras oportunidades se intentó esta metodología de acción con escaso o nulo resultado; también es cierto que no es esta la única alternativa a seguir, y que cada grupo podría seguir haciendo su aporte individual en forma aislada y conforme a su propia estrategia; sin embargo nada impide que arbitrando correctamente los medios –buenos operadores, organicidad adecuada, etc.- esta vez una confederación como la que se intenta hacer pueda funcionar; de tal modo que la dispersión, desunión y discordia entre los nacionalistas deje de ser una fatalidad sin remedio.
En ese sentido los primeros pasos ya han sido dado, ahora resta continuar aunando a todas aquellas voluntades dispersas que concuerden en la necesidad de construir un proyecto político común para el nacionalismo. Y por supuesto, perseverar ante los inconvenientes que de seguro no faltaran, teniendo siempre presente lo que supo decir el General San Martin: “… que para los hombres de coraje se han hecho las empresas”.


Edgardo Atilio Moreno